Algunas personas llegan a la edad adulta con una malformación cardiaca de nacimiento que no fue operada en la infancia porque era leve o estaba bien controlada. Otras son diagnosticadas ya de mayores. En cualquier caso, cuando la patología avanza o genera síntomas, puede ser necesaria la cirugía.
Las patologías congénitas que tratamos con más frecuencia en adultos son el cierre de comunicaciones interauriculares (con corrección del drenaje venoso anómalo si lo hay), el cierre de comunicaciones interventriculares, la coartación aórtica y las anomalías coronarias congénitas. Dependiendo del tipo de lesión, el abordaje puede ser quirúrgico (cirugía abierta) o percutáneo (en quirófano híbrido).
La MHO es una enfermedad genética en la que el músculo cardiaco crece de forma anormal y obstruye la salida de sangre del ventrículo izquierdo. Puede causar ahogo con el esfuerzo, dolor en el pecho, mareos, pérdidas de conocimiento, arritmias y, en algunos casos, riesgo de muerte súbita.
El primer tratamiento es siempre farmacológico. Cuando los medicamentos no son suficientes o no se toleran bien, la cirugía es la solución más efectiva. La técnica que utilizamos es la miectomía septal: a través de una incisión en la aorta, resecamos el exceso de músculo que causa la obstrucción. Los estudios demuestran que mejora los síntomas y aumenta la supervivencia a largo plazo. En los pacientes con mayor riesgo de muerte súbita, recomendamos además el implante de un desfibrilador automático (DAI).
Los tumores del corazón son poco frecuentes, aunque cada vez se detectan más gracias a las mejoras en las técnicas de imagen. Pueden ser primarios (originados en el propio corazón) o secundarios (metástasis de un tumor en otro órgano). De los primarios, alrededor del 75% son benignos —siendo el mixoma el más habitual— y el 25% son malignos, principalmente sarcomas.
La presentación clínica es muy variada: algunos pacientes no tienen síntomas y el tumor se detecta de forma casual, mientras que otros pueden presentar casi cualquier síntoma cardiológico, lo que hace que a veces se llame «el gran simulador». La cirugía suele ser el tratamiento de elección: en los tumores benignos puede ser curativa; en los malignos, su objetivo es paliar los síntomas y mejorar la calidad de vida.